Una mujer italiana (Cabrini) – Santa, ma non troppo…?

sábado, 25 de mayo de 2024

«Una mujer italiana (Cabrini)» (2024). Francesca Film Production NY




Una mujer italiana (Cabrini), de Alejandro Monteverde

En cines desde el 10 de mayo


No soy devoto de las películas dirigidas y producidas, de manera respectiva, por los mejicanos Alejandro Monteverde y Eduardo Verástegui. «Bella» o «Sound of Freedom» me parecen simplones productos audiovisuales, distorsionados por copiosos beneficios económicos y ambiciosas campañas sociales, nunca avalados por su escasa calidad cinematográfica.

¿Qué decir si no de un cine más orientado hacia un activismo de causas justas, que basado en lo que debería ser un fondo y factura cinematográficos, reveladores de la belleza latente de dichos empeños? ¿Qué cabe pensar de películas cuyo precario equilibrio pivota más en su periferia y parafernalia mercadotécnica, que en su propia valía…?

El innegable potencial ético y temático existente en sus historias y objetivos humanitarios no justifica la merma del artístico, deteriorando así la mirada y el umbral de exigencia del público. Otro modo de prostituir el cine, irrespetuoso con un espectador instrumentalizado, cosificado.

Algo aplicable -aunque algo menos- a la nueva película del tándem mejicano, «Una mujer italiana (Cabrini)», así titulada en España por dos motivos: sortear su quizá poco atractivo título original -«Cabrini»- y diferenciarla de un título homónimo de Giuseppe Bertolucci, con el que nada comparte.

Esta vez se trata de un filme más sólido y profesional, hecho con más y mejores medios humanos, técnicos y materiales, fruto visible de las millonarias recaudaciones de «Sound of Freedom». Diseño de producción y dirección artística despliegan así meritorias recreaciones de la Nueva York y la Roma de finales del siglo XIX e inicios del XX.

El guion tiene menos socavones, la narración es algo más creíble y consistente, la trama está mejor ensamblada, la música posee cierta personalidad, hay buenos y famosos actores norteamericanos y europeos, empezando por la convincente Cristiana Dell’Anna. Incluso el filme podría entreverse como un modesto reverso luminoso de «Gangs of New York», de Martin Scorsese, por su cierta continuidad temporal o afinidad contextual y ambiental…

Sin embargo, sigue habiendo errores habituales, cuando se apunta demasiado alto y sin tino. Un ejemplo es la despersonalización del grupo de Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, entre las cuales sólo una articula alguna palabra, mientras el resto es parte del decorado.

Nada, comparado con la mayor incoherencia de la película, de la que lamento revelar demasiada información. Partiendo de la premisa de que es un filme producido y realizado por -según su imagen pública- fervorosos católicos, ¿es verosímil que la madre Francesca Javiera Cabrini (1850-1917), personaje principal, víctima de contradicciones, además de modelo de amor a los desheredados, rece una sola vez en una película de más de ciento cuarenta minutos?

Es más, ¿es coherente que apenas haya alusiones a Dios o que no le sean confiados ruegos y alabanzas, agradecimientos y peticiones, sufrimientos y alegrías…? ¿Por qué Cabrini queda como una indomable súper-heroína pelagiana, confiada en su carismático empuje? ¿Una aguerrida santa, que peleó por extender un «imperio de esperanza» por todo el mundo, reducida a hiperactiva luchadora filantrópica…?

Más que una hagiografía, ¿no habría sido más consistente retratarla con una encarnación creíble de su experiencia pública y privada del evangelio? ¿No habría sido más lógico conformar, según sus características, una sugestiva dramatización del refrán «a Dios rogando y con el mazo dando»?

¿Por qué esta castrante tergiversación desde el propio ámbito cristiano? ¿Cuáles pueden ser los motivos de una omisión tan radical, en última instancia, un sumidero por el que son disipados la razón de ser del personaje y su legado?

¿Condiciones impuestas por quienes tienen mayor poder decisorio entre bastidores? ¿Construir acaso una imagen de la santidad cristiana, tolerable para la actual corrección política? ¿Movimiento estratégico para penetrar en la industria cinematográfica norteamericana, orientado en última instancia al creciente reconocimiento de los hispanos en los Estados Unidos?

En fin, me pregunto qué relación tiene todo esto con el buen cine y el cristianismo.

ESCRITO POR:

Enamorado de las buenas historias, sean la del cine o las narradas en las películas que ve y los libros que lee. Sobre ellas piensa, habla y procura escribir en La Occidental y otras publicaciones. Es autor «John Ford en Innisfree: la homérica historia de 'El hombre tranquilo' (1933-1952)» y coautor de los libros Cine Pensado, entre otros.