Los Fabelman – Autorretrato y catarsis

viernes, 24 de febrero de 2023

Mateo Zoryon Francis-Deford como el joven Sammy Fabelman en Los Fabelman, de Steven Spielberg (2022) / Universal pictures



Muchos cineastas hacen de sus propias vidas la materia prima de sus películas, diluyendo con talento y perspicacia la dicotomía realidad-ficción. Quizás Allen, Fellini, Bergman o Truffaut aporten los ejemplos meta-fílmicos más célebres, pero hay muchos más, entre los cuales ya figura Steven Spielberg con pleno derecho.

Su cine estaba hasta ahora salpicado de rastros autobiográficos, pero «Los Fabelman» explicita un periodo crucial de su vida con una intensidad y agudeza inéditas en él. El detonante de la que es su obra más personal, fueron los respectivos fallecimientos de sus padres en 2017 y 2020. Su orfandad tardía se deja entrever en la tonalidad intimista de una película celebradora y dolorosa a partes iguales.

Pero, aunque su historia rezume el acíbar de secretos ocultos durante decenios, sólo una mente calenturienta vería en ello más un ajuste de cuentas que un tributo a sus progenitores y la restauración definitiva de un amor, respeto y perdón incondicional.

«Los Fabelman» recrea la gestación vocacional de Spielberg como cineasta durante su infancia y adolescencia, motivo de por sí suficiente para hacer una película memorable. Pero éste es trascendido por una envergadura dramática, articulada a través de simultáneos sufrimientos y epifanías, determinantes de la vida del realizador. La película es en este sentido un filón autobiográfico, revelador de información hasta ahora desconocida.

Spielberg transfigura en personajes ficticios a su propia familia, primeros amigos y compañeros, y a sí mismo, recreando acontecimientos vividos en primera persona. El relato se desarrolla sobre dos ejes: su primera experiencia cinematográfica y ese desgarrador trauma familiar, buena parte del mismo también desentrañado a su vez mediante filmaciones.

Su bautismo audiovisual, vivido con sus padres en un cine, presenta una de las secuencias de «El mayor espectáculo del mundo» como espoleta de su precoz talento cinematográfico, combinación de dones heredados: la analítica meticulosidad de su padre, ingeniero electrónico, y la sensibilidad artística de su madre, pianista de talento.

El dolor ofrece por su parte los pasajes más intensos de la película, entrelazados con una exquisita combinación narrativa y dramática de música, imagen filmada e interpretaciones, pleno de oficio y sensibilidad. Pero no diré más sobre la trama clave del filme. Es mejor verla desplegarse por sí sola.

«Los Fabelman» plantea reflexiones profundas sobre la condición humana, tan habituales en Spielberg. El niño sensible, observador y creativo; una didáctica artesanal acerca del empleo narrativo de las imágenes; los imborrables vínculos entre familia y arte… Spielberg se despoja así de sus galones, compartiendo unos inicios tan personales como comunes a todo principiante. El cine como igualador.

Pero pasa con naturalidad de los fundamentos a la mayor complejidad: atravesar el interior del espectador, suscitándole pensamiento, emoción y aun estremecimiento. La dimensión autobiográfica del filme entraña aquí su mayor alcance, revelando el cine como catarsis, como medio purificador, para el propio Spielberg y quizá para el espectador.

«Los Fabelman» es arte cinematográfico sobre el arte de hacer cine, partiendo de su origen artesanal. Por eso también es una consideración de los actos elementales de ver, mirar, observar, contemplar… sin los cuales ninguna película sería posible.

Es paradójico que un icono del entretenimiento recuerde con su cine que este no es solo entretenimiento… entreteniendo como pocos. Tan paradójico como que «Los Fabelman» no esté siendo un éxito. Tal vez por ser un espejo que nos habla a los ojos y al corazón, con todas las consecuencias -y una hermosa sorpresa cinéfila-. Aun con su cierta dosis de autoindulgencia y algún desaire innecesario… A ver si la película sale bien parada tras el reparto de los Oscar.

ESCRITO POR:

Enamorado de las buenas historias, sean la del cine o las narradas en las películas que ve y los libros que lee. Sobre ellas piensa, habla y procura escribir en La Occidental y otras publicaciones. Es autor «John Ford en Innisfree: la homérica historia de 'El hombre tranquilo' (1933-1952)» y coautor de los libros Cine Pensado, entre otros.