Los asesinos de la luna – Ignominia y desagravio

jueves, 2 de noviembre de 2023

Lily Gladstone y Leonardo DiCaprio en «Los asesinos de la luna» (2023) | Paramount pictures




Los asesinos de la luna, de Martin Scorsese

En cines desde el 20 de octubre de 2023


Algo mejor debí de portarme hace unos años, cuando las Mágicas Majestades de Oriente decidieron regalarme un libro tan inesperado como certero. Investigaba un asunto para mí apasionante, como devoto de la historia y la mítica del wéstern.

«La tierra llora: la amarga historia de las guerras indias por la conquista del Oeste», de Peter Cozzens, trasciende la mera indagación histórica de un conflicto desencadenado en 1862, para ser la crónica minuciosa y ecuánime de una extinción luctuosa, de un réquiem.

El devastador relato de aquellos tres decenios escasos concluye el 15 de enero de 1891. Días antes había acaecido la masacre de Wounded Knee, perpetrada el 29 de diciembre de 1890 por una irresponsable tropa del ejército norteamericano en la reserva Pine Ridge de Dakota del Sur. Pero, aun tras la rendición definitiva, el oprobio no quedó sepultado en Wounded Knee…

«Los asesinos de la luna», la nueva película de Martin Scorsese, relata un capítulo posterior de ese exterminio pertinaz del ensimismado mundo atávico de los nativos norteamericanos, consumado de un modo u otro por la ruindad humana, al ritmo de la modernidad.

Adapta el libro homónimo de David Grann, investigación que abarca acontecimientos verídicos ocurridos en la reserva de los nativos Osage -Oklahoma- entre el final de la I Guerra Mundial y los inicios de la Guerra Fría.

Al contrario que la mayoría de las tribus, los Osage estaban integrados en la sociedad estadounidense de comienzos del siglo XX. El ambivalente motivo, una bendición, revertida por algunos en codiciosa, racista y avariciosa maldición.

Nunca había habido indios en el cine de Scorsese. Esta vez, el neoyorquino ha identificado una estrecha afinidad entre el material original revelado y muchos entresijos de su filmografía. Resultado: otro relato sobre la maléfica iniquidad de algunos seres humanos y la sociedad retratados. Junto a codicia y avaricia, embaucamiento, manipulación, mentira, fariseísmo, conspiración y crimen, como aparentes fuerzas motrices de la sociedad.

Scorsese recrea los hechos sin juzgar a sus personajes, cometido que radica en los propios actos y palabras de aquéllos y reposa en el juicio del espectador… condicionados por la casi siempre pesimista y escéptica perspectiva del cineasta.

Seguro sobre este terreno, Scorsese entrega una nueva historia articulada, entre otros personajes, por otra personificación mefistofélica -no digo más-, semejante a las existentes en obras marca de la casa, como «Uno de los nuestros», «Infiltrados» o «El cabo del miedo».

No obstante, Scorsese parece plantearse si hay alguna finalidad beneficiosa y perenne en mostrar la civilización como una sucursal del infierno. Sin omitir ni suavizar conflictos y contradicciones, esta vez no queda incrustado en una aparente omnipotencia del mal, ofreciendo a cambio un tenue atisbo de luz, como ya hiciera en «Silencio». Cierto que no queda títere con cabeza y que relato y panorama son desoladores, pero el inesperado fulgor surge de la intrínseca aplicabilidad final.

Lo hace incluyendo una variación sobre un tema recurrente de su cine. La ignominia alberga aquí un doble sentido, a un tiempo denunciador y trascendente: una aportación que contribuya a reparar el mal ocasionado a tantos nativos vivos y, sobre todo, difuntos. Si bien ello no compensa la injusticia, en suma sí constituye un reconocimiento de tantas culpas y delitos cometidos, una petición de perdón y una enmienda a la sociedad norteamericana.

Prueba de ello es la secuencia final donde, rompiendo la convención de la cuarta pared, es el propio Scorsese en persona quien termina de revelar la verdad: qué fue de cuantos protagonizaron esta historia y el resultado final de la misma.

Un cineasta octogenario haciendo de su cine, medio de desagravio y, como Víctor Erice, memorial vivo. Nunca ignoremos a quienes nos preceden.

ESCRITO POR:

Enamorado de las buenas historias, sean la del cine o las narradas en las películas que ve y los libros que lee. Sobre ellas piensa, habla y procura escribir en La Occidental y otras publicaciones. Es autor «John Ford en Innisfree: la homérica historia de 'El hombre tranquilo' (1933-1952)» y coautor de los libros Cine Pensado, entre otros.