Living – El original y una versión

viernes, 3 de febrero de 2023

Bill Nighy es Rodney Williams en «Living», de Oliver Hermanus / Number 9 Films and others




Living, de Oliver Hermanus

Estreno en cines el 4 de enero. Proximamente en Filmin y MovistarPlus+


Mi interés por Japón y su cultura despertó viendo películas de algunos de sus mejores cineastas, Akira Kurosawa entre ellos. Por eso me alegró saber que en enero llegaría a los cines una nueva versión de «Vivir» -«Ikiru»-, coescrita y dirigida por él en 1952 y ahora readaptada en «Living» sobre un guion del Nobel de Literatura anglo-nipón Kazuo Ishiguro.

No recuerdo cuándo vi «Vivir» por primera vez. Quizá fue siendo universitario. Volví a disfrutarla ahora, espoleado por la expectativa de escribir sobre ella con la mirada bregada por el tiempo. La experiencia ha sido más intensa, que algo bueno tiene ir acumulando años y ‘cumpliendo películas’, como dice Garci.

Simple y sin sermones ni alegorías, «Vivir» es un relato hermoso y agridulce en torno al arrepentimiento, la rectificación, y la segunda oportunidad, aun en la derrota. Tal vez el hecho de que el personaje central sea un funcionario hace más fácil abordar el tema del aprovechamiento del tiempo vital y el alcance de la impronta personal en una comunidad. Aunque «Vivir» apela a cada uno, por ser en el fondo una historia sobre la esperanza.

El protagonista es un burócrata que lleva treinta años haciendo el paripé entre pilas de legajos y labores aplazadas. Una noticia funesta lo pone ante su vida, desperdiciada, y decide buscar su redención, aunque sea a ciegas. Su periplo sirve de paso para criticar el contexto nipón: la reconstrucción del país aniquilado por la guerra, al precio de diluir su identidad milenaria en kafkianos laberintos administrativos o en la lúdica inculturación norteamericana. Más allá de eso, «Vivir» resalta sobre todo la trascendencia del ser humano corriente y su capacidad para transformar la vida cotidiana. El contraste de la vida con la ausencia, que sirve para darse cuenta del rastro que dejan las obras de cada uno. Como Frank Capra planteó en «Qué bello es vivir» un lustro antes.

«Living» traslada al Londres de 1952 un argumento casi idéntico al de su modelo. Pero desaprovecha la perspectiva ambivalente de su guionista, japonés nacionalizado británico. El trabajo de Ishiguro está aguado, en parte porque la verosimilitud de la historia es desvirtuada con frecuencia por la forma -diseños, decoración, vestuario…-. Por ejemplo, resta credibilidad que luzca tan lustrosa la ropa de los ingleses, tan depauperados en realidad por la guerra; o que un Londres bombardeado hasta 1945 aparezca pulcro e intacto por una sobredosis de barniz informático.

En cuanto al fondo, es muy arriesgado versionar una obra del calibre de «Vivir». Tanto que, visto lo visto, se comprende que casi todas las atenciones las acaparen Ishiguro y la actuación de Bill Nighy, que es buena pero no a la altura de la de Anthony Hopkins en «Lo que queda del día» -también basada una novela de Ishiguro-.

¿Por qué está recibiendo entonces «Living» tantas alabanzas? ¿Dónde quedan las necesarias comparaciones con «Vivir», sin la cual aquélla no existiría? ¿Dónde situar la realización de Oliver Hermanus y su gestión de las ricas posibilidades del relato?

Otros inconvenientes: la discontinua evocación fotográfica de mediados del siglo XX; la evaporación del prometedor inicio -que recuerda algo al larranesco ‘Vuelva usted mañana’- o de cierta idiosincrasia británica, ritual, contenida y meticulosa.

El principal problema es que, aunque Hermanus pretendió calcar el modelo, faltan emoción y profundidad, ritmo y continuidad narrativos. Hay demasiados personajes y situaciones desperdiciados. Tenía mucho a favor, pero no es el director adecuado para una historia que exigía más madurez y capacidad artística. Había mucho que sacar de una visión paralela de la posguerra, contraste de la de Kurosawa en «Vivir». Pero cuando uno compara ambas películas encuentra una diferencia insalvable: la existente entre un cine inmerso en la experiencia de una hecatombe y sus consecuencias, y otro hecho en la actual asepsia europea. De ahí que la clave humanística de «Living» pierda mucha intensidad dramática y existencial. Lástima de ocasión perdida.

ESCRITO POR:

Enamorado de las buenas historias, sean la del cine o las narradas en las películas que ve y los libros que lee. Sobre ellas piensa, habla y procura escribir en La Occidental y otras publicaciones. Es autor «John Ford en Innisfree: la homérica historia de 'El hombre tranquilo' (1933-1952)» y coautor de los libros Cine Pensado, entre otros.