La cristiandad o Europa

domingo, 25 de enero de 2026

San Ambrosio y el emperador Teodosio, c.1629, de Antonio van Dyck | National Gallery (Londres)



Por culpa de Trump -según algunos- o gracias a Trump -según otros-, los europeos ya no podemos disimular y tenemos que admitir que Europa ya no es nada en el mundo, es decir, que el papel central que Europa ha tenido en la historia de la Humanidad desde los años del Imperio Romano hasta el siglo XX ya no existe porque la realidad es que hoy ya no pintamos nada ni en lo militar ni en lo político ni en lo económico ni en lo cultural.

Los análisis y las frases, a veces exóticas, que Trump nos dedica deberían llevarnos a preguntarnos algo tan sencillo como ¿qué es Europa?

Una primera y trivial respuesta sería la de que es el conjunto, cada vez más numeroso, de naciones que ocupan el extremo occidental de Eurasia. A la que habría que repreguntar si la aparición de cada vez más pequeñas naciones es o no un factor positivo para la existencia de eso que llamamos Europa.

Otra respuesta que podemos encontrar es la de que no sólo es ese conjunto de naciones, sino la reunión de casi todas ellas en una entidad que llamamos Unión Europea. Una Unión Europea que cada vez se hace más evidente que es una superestructura burocrática, dominada por los inquisidores de las ideologías progres, que cada vez está más alejada de los ciudadanos que no tenemos más remedio que ser europeos. Recuérdese la boutade de Cánovas con aquello de que «español es el que no puede ser otra cosa».

Pero si buscamos una respuesta más profunda podremos contestar que Europa es la cuna de la Civilización Occidental, una civilización sustentada sobre tres pilares fundamentales: el pensamiento racional que nos enseñaron los griegos, las leyes para ordenar la convivencia que crearon los romanos, y el reconocimiento de la igualdad y la dignidad de todos los hombres que articuló el cristianismo a partir del monoteísmo y de la palabra de Dios en la Biblia de los judíos y en el Evangelio cristiano.

Si seguimos profundizando en cómo estos tres pilares (Grecia, Roma y el cristianismo) se juntaron del todo y empezaron a influir juntos en la vida de los habitantes de lo que llamamos Europa, descubrimos que fue a partir del siglo IV, precisamente cuando la Iglesia empezó a tener el protagonismo central. No está de más recordar que acabamos de celebrar -con poquísimo boato, bien es cierto- los 1700 años del Concilio de Nicea (325), en el que se definieron ya no sólo los dogmas de la fe cristiana, sino también las líneas maestras de organización de la Iglesia. O recordar cómo, a finales de ese siglo, San Ambrosio, Obispo de Milán y padre espiritual de San Agustín, llegó a negar al Emperador Teodosio la entrada en la iglesia hasta que se arrepintiera de sus pecados.

Hablar de la Historia de Europa sin conocer en profundidad la Historia de la Iglesia es, pues, una frivolidad. De ahí que, si en los países europeos todavía queda un mínimo interés por salvaguardar lo que Europa tiene de origen de la Civilización Occidental, sería imprescindible que en todos los planes de estudio de la Enseñanza Secundaria de esos países esa Historia de la Iglesia fuera una asignatura fundamental.

Evidentemente, no es este el sitio para recorrer toda esa historia, con momentos tan trascendentales como Carlomagno y el nacimiento del Sacro Imperio Romano Germánico, que fue un intento de unir a todos los países europeos bajo la jerarquía del Papa; o como la aparición de los cismas, con especial atención a Lutero y el protestantismo, que fue un momento clave para el inicio de la desaparición de la Iglesia -y con ella, del cristianismo- como protagonista esencial de la vida, la política y la cultura europeas.

Aquí es el momento de leer un pequeño ensayo que escribió el gran poeta romántico alemán, Novalis (1772-1801) en 1799 con el título «La cristiandad o Europa», en el que denunciaba que Europa estaba desapareciendo como consecuencia del enfrentamiento con Roma que generó el protestantismo y que llevó a que la Iglesia indivisible se dividiera. Llega a decir que «la Reforma acabó con la cristiandad». Más aún, también culpa de la desaparición del cristianismo a ese Siglo de las Luces, en el que a él le tocó vivir, porque la Ilustración, según Novalis, enfrentó el conocimiento racional con la fe, y puso de moda el ateísmo, lo que, en definitiva, llevaba a la desaparición del cristianismo de Europa. Y como Europa y el cristianismo podían considerarse sinónimos, la desaparición del uno llevaba consigo la desaparición de la otra.

Las palabras proféticas del poeta alemán hace 227 años es más que probable que tengan que ver con lo que Trump nos está obligando a reconocer: la desaparición de Europa como núcleo fundamental de la Civilización Occidental. Y más cuando, además, vemos cómo, sin pausa, el Islam crece entre nosotros a toda velocidad.

No está de más recordar una sentencia solemne que George Bernanos incluyó en «Les Grands Cimetières sous la lune» («Los grandes cementerios bajo la luna»), la novela que escribió en 1938 y en la que critica duramente a los franquistas por la forma en que llevaron a cabo la represión en la Mallorca de la Guerra Civil, donde él vivía y pudo contemplarla en primera persona: «La chrétienté a fait l´Europe. La chrétienté est morte. L´Europe va crever, quoi de plus simple» («La cristiandad ha hecho Europa. La cristiandad ha muerto. Europa va a desaparecer, así de sencillo»).

Si en Europa se tomara conciencia de esto, independientemente de la relación que cada cual tenga con la fe, tendría que haber una reacción radical para recristianizar culturalmente la sociedad europea, que va derechita a la desaparición, si es que no ha desaparecido ya. De ahí, entre otras medidas, la necesidad de conocer, como ya he dicho, la Historia de la Iglesia, y de ahí la de frenar la desaparición de los estudios de las lenguas clásicas, latín y griego, de los planes de estudio de nuestros adolescentes.

Y de ahí, el agradecimiento a Trump por habernos puesto un espejo en el que hemos podido contemplar cómo Europa ya no es nada.

ESCRITO POR:

Licenciado en Filosofía y Letras (Filología Hispánica) por la Universidad Complutense, Profesor Agregado de Lengua y Literatura Españolas de Bachillerato, Profesor en el Instituto Isabel la Católica de Madrid y en la Escuela Europea de Luxemburgo y Jefe de Gabinete de la Presidenta del Senado y de la Comunidad de Madrid, ha publicado innumerables artículos en revistas y periódicos.