Educación diferenciada y coeducación

viernes, 3 de febrero de 2023

Alumnos en una escuela de coeducación / Michael Anderson - National Cancer Institute (Unsplash)



Los medios y políticos acostumbrados a declaraciones rápidas caen a veces sin pretenderlo en titulares erróneos que en algún caso reflejan un sesgo de sospecha hacia lo que no es línea oficial o no es adecuado a campaña.

A veces llaman «colegios que segregan por sexo» en lugar de «educación diferenciada» a los colegios de niños o de niñas. La denominación correcta es «centros de educación diferenciada». En inglés serían «boys’ schools» y «girls’ schools», o «single sex education».

No «segregan». Si fuera así, estarían totalmente prohibidos, aunque fueran privados. Ya hace casi medio siglo que nuestra Constitución garantiza que no «pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social».

Todo el mundo sabe que separar niñas y niños en algunas aulas, y varones y mujeres en algún deporte o en alguna especialidad de la sanidad, no es segregación. Es más, lo que se busca es dar una mayor visibilidad a las mujeres y evitar que la segregación se produzca de otro modo.

Si con la educación separada se diera algún tipo de segregación habría que corregirla. Yo mismo y todos los educadores de este país seríamos los primeros en abandonar un lugar donde se cometieran discriminaciones por sexo, raza, religión… La actual ley lo sabe y por ello nunca habla de «no segregar» sino de elegir la «coeducación». Habla con precisión.

Pero es que la coeducación tampoco supone una garantía absoluta de evitar toda posible desigualdad, como comprobamos diariamente. La coeducación también puede caer en «segregar por sexo», y requeriría por tanto trabajar para solucionarlo.

En la web «coeducacion.es» la Federación de Mujeres Progresistas «propone» la coeducación. La LOMLOE va más allá e «impone» este modelo, ordenando que «los centros sostenidos parcial o totalmente con fondos públicos desarrollarán el principio de coeducación en todas las etapas educativas».

Sin embargo coeducacion.es sostiene con objetividad que «este modelo (de «enseñar en la misma aula») no garantiza el cuestionamiento de la desigualdad de género, los estereotipos sexistas que transmite, ni visibiliza los aportes de las mujeres a la sociedad y a los diferentes campos del saber».

De ahí que la coeducación realmente no sea «necesaria» y que la igualdad y visibilidad de la mujer se logre en ocasiones mejor con otros modelos. Por eso existen colegios con aulas o secciones separadas por sexo, cuya finalidad es precisamente «no segregar por sexo». La visibilidad de la mujer es total en esos centros. Y la atención a la lenta madurez del adolescente varón es mayor para alguna familia.

Los gobernantes actuales han optado por el modelo de la coeducación, lo que es legítimo, pero la prohibición expresa de financiar otros posibles modelos que mejorarían la desigualdad de género y que muchas familias eligen, como sucede en otros países, no es tan respetuoso y resulta cuestionable.

Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, fue alumno y profesor de uno de estos centros de educación diferenciada, en el que afirma haber pasado «algunos de los años más felices y plenos» de su vida. Por eso subraya la importancia de que los colegios masculinos preparen para generar el cambio social que se necesita en la igualdad de los sexos.

Significativo es que en Nueva York el actual alcalde demócrata esté promoviendo la escuela diferenciada «pública», además de la coeducación parcial o total, como medio para que la sociedad no segregue a los chicos o a las chicas por sexo. Y que haya nombrado concejal de educación al fundador de unos colegios de varones.

En nuestro país, el principal buscador de colegios, escuelas infantiles e institutos, «micole.net», cuyo único algoritmo es «lugares donde más se pincha» con el ratón, ofrece como resultado más buscado en España un colegio de educación diferenciada.

Llamemos a las cosas por su nombre. Luego optemos por coeducación, diferenciada, modelos mixtos de «coeducación diferenciada» u otros incluso más innovadores que están surgiendo. Mantengamos cualquier llama encendida en la educación y busquemos fórmulas de financiación pública o privada para que ni siquiera una escuela unitaria en la última aldea de Galicia se quede sin medios.

Es que a veces los titulares no dejan ver el bosque.

ESCRITO POR:

Adrianey Arana es profesor de colegio y autor de «Escúchame con los ojos».