AIR. La perspectiva es un grado

lunes, 8 de mayo de 2023

Matt Damon como Sonny Vaccaro y Viola Davis como Deloris / Cortesía de Amazon Studios




AIR, de Ben Affleck

En cines desde el 5 de abril en España.


Soy uno de los millones de privilegiados que tuvieron la oportunidad de seguir la carrera deportiva de Michael Jordan. Recuerdo la primera vez que lo vi jugar. Fue en 1982 y TVE retransmitía desde Suiza un partido de exhibición entre una selección europea y otra norteamericana, para celebrar el quincuagésimo aniversario de la FIBA.

Jordan deslumbró. Tenía diecinueve años y esa misma temporada, su primera como universitario, ya había ganado el campeonato nacional, anotando además la canasta decisiva. Un par de años después volví a verlo por televisión ganar el oro olímpico en Los Ángeles, vapuleando dos veces a la selección española, entre otros equipos. Terminado ese verano, comenzó su trayectoria en la NBA, más mitológica que histórica.

Pienso que Jordan encarna como pocos deportistas el significado originario de la palabra «mito», tan opuesto a su acepción actual, sinónima de mentira o falsedad. No es necesario condimentar sus hazañas para completar su legado. Jordan es mítico porque, más allá de su realidad, sus proezas son verdad, paradigmas perennes. Todo cuanto vimos es cierto y, aun así, siempre será asombroso y digno de recuerdo e incluso de recreación -artística, periodística…-. Veinte años después de su retirada, sigue siendo un asunto cualitativo, que trasciende números y récords en la era de la medición y la estadística.

El deporte es una constante del cine norteamericano. Desde «El orgullo de los Yanquis» hasta «Moneyball», pasando por «Jerry Maguire» y muchas más. «Air» ya ocupa un puesto muy destacable entre ellas, por su despreocupado pero elevado modo de abordar un caso quizás irrepetible.

Pero ¿qué cuenta este relato impregnado de sueño americano y cultura popular? El proceso culminante en la creación de la franquicia Air para Nike, una de las operaciones empresariales y mercadotécnicas más extraordinarias de la historia del deporte, si no la mayor, dada su persistente vigencia.

No obstante, uno de los grandes aciertos de «Air» consiste en mantener a Michael Jordan fuera de escena. Una audacia paradójica, porque convertirlo en un hombre invisible agiganta más si cabe su relevancia. Porque ocultar con talento, atrae y revela más sobre lo ocultado, que mostrándolo. Jordan está omnipresente, aun no estando. Su ocasional representación de espaldas -por un doble- y unas pocas imágenes documentales, lo confirman.

¿Cómo llega «Air» a trascender, divirtiendo? Primero, mediante un gran guion, muy bien organizado y escrito por Alex Convery, un joven debutante en el relato largo, que sabe qué contar, a dónde llegar y, sobre todo, cómo hacerlo. Luego, con Ben Affleck dirigiendo a un equipo de amigos e interpretando con gracia sutil al director de Nike. Con unos actores que rebosan naturalidad y encarnan muy bien una larga retahíla de virtudes, entre ellas, la profesionalidad, el carisma, la intuición y la fe recíproca. Ofreciendo varios discursos memorables, no tanto por su brillante retórica -que también-, cuanto por la intensa aplicabilidad personal que entrañan. O mediante el diseño y la estética -música, ropa, mobiliario, vehículos…-, recreadores de un periodo ya lejano, que deja más el poso de un optimismo actualizado, que el de la nostalgia.

No importa que gran parte del público conozca el final de «Air» antes de verla. La perspectiva ayuda a revelar lo esencial: contrastar desde el presente todo lo relativo a Jordan, pero también la decisiva personalidad de Deloris, su madre; la suerte dispar de otros grandes jugadores de su generación o, sobre todo, el beneficio de la irresistible sustancia de un proceso culminado en el hito.

ESCRITO POR:

Enamorado de las buenas historias, sean la del cine o las narradas en las películas que ve y los libros que lee. Sobre ellas piensa, habla y procura escribir en La Occidental y otras publicaciones. Es autor «John Ford en Innisfree: la homérica historia de 'El hombre tranquilo' (1933-1952)» y coautor de los libros Cine Pensado, entre otros.